Intensificar la ganadería a partir de la agricultura

 

La ganadería colombiana ha sido objeto de críticas; se le acusa de concentrar una cantidad excesiva de tierras, en tanto que la productividad del sector es baja, si se mira por la capacidad de carga, de apenas 0,63 cabezas por hectárea. Adicionalmente, se atribuye a los ganaderos la defensa unánime en torno a la gran propiedad de la tierra, así sea en contravía del desarrollo de las regiones.

Como lo he expresado en otras ocasiones, toda simplificación conduce a excesos. Si la concentración de tierras fuera inherente a la ganadería, serían inexplicables los prósperos núcleos de pequeños ganaderos en Nariño, Boyacá o Cundinamarca. También es incoherente el pretendido apoyo unánime de los ganaderos a la gran propiedad cuando un 45 por ciento de los 450 mil productores son deficitarios en tierras, por su condición de micro-productores. Si la productividad hubiese crecido tan poco, el país no sería autosuficiente como lo es en la actualidad, en leche.

Buena parte de los equívocos provienen del abandono de la producción de alimentos agrícolas hace cerca de dos décadas y de su sustitución por importaciones. Los departamentos más afectados por una apertura económica inmisericorde, como los del Caribe, registraron elevadas tasas de migración de la población rural; a la par, la desvalorización de las tierras agudizada por la confrontación armada, el secuestro y la extorsión facilitaron la concentración de tierras en algunas regiones. La ganadería, por su baja transabilidad, se convirtió en una de las pocas alternativas de inversión rentable y sostenible en el Caribe, sobre la base de una producción extensiva. Mientras que en otros países del mundo el número de ganaderos ha venido disminuyendo en los últimos diez años(a una tasa cercana al 1 por ciento anual), en Colombia persisten desde hace más de una década al menos 430 mil productores ganaderos.

La alta devaluación en corto tiempo ha desnudado el bajo nivel de abastecimiento del país en alimentos y materias primas agropecuarias. El Programa Colombia Siembra revalúa la visión de “tierra arrasada” que privilegió por sobre todo consideraciones de precio; en su lugar, promueve la capacidad productiva del país. En el caso de la ganadería, el énfasis en el cultivo especializado de pastos, forrajes y de suplementos nutricionales es la condición para que la productividad de la ganadería colombiana se acerque a los estándares internacionales. Simultáneamente una demanda renovada de tierras para usos agrícolas presionaría por una mayor movilidad de la propiedad: podría incluso surgir una oferta institucionalizada de tierras liberadas desde la ganadería extensiva que favorezca la movilidad de los microganaderos o de los pequeños agricultores.

La propuesta que venimos haciendo para la ganadería basada en el agropastoreo, en el marco de Colombia Siembra, busca combinar eficiencia con equidad: se trata de intensificar la ganadería a partir de la agricultura, de promover la movilidad socioeconómica de los pequeños ganaderos mediante el uso de innovaciones de punta a la par con la dotación de infraestructura y así liberar tierra para la producción agrícola que el país requiere. Aun así, somos conscientes que la intervención del Estado para incentivar un mercado justo de tierras y una oferta equitativa de servicios productivos es imprescindible. Nos corresponde desde la institucionalidad ganadera abrir paso a estas nuevas posibilidades.

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